Asistencia
En Fundación Principios brindamos atención especializada en salud mental a través de equipos interdisciplinarios y abordajes terapéuticos basados en evidencia científica. Nuestros servicios contemplan distintas necesidades y problemáticas, integrando evaluación, psicoterapia y, cuando corresponde, atención psiquiátrica, con el objetivo de ofrecer tratamientos personalizados, rigurosos y centrados en cada persona.
Dialectical Behavior Therapy (DBT)
La Terapia Dialéctico Conductual (DBT, por sus siglas en inglés) es un tratamiento psicológico estructurado desarrollado por la Dra. Marsha M. Linehan a fines de la década de 1980 para el tratamiento de personas con conductas suicidas crónicas y Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).
Se basa en principios cognitivo-conductuales combinados con prácticas de aceptación, validación y mindfulness. Su nombre "dialéctica" refiere a la síntesis constante entre aceptación y cambio: se valida a la persona tal como es, mientras se la ayuda activamente a modificar los patrones que generan sufrimiento.
El tratamiento estándar de DBT se organiza en cuatro componentes:
- Terapia individual.
- Entrenamiento grupal en habilidades.
- Consultas telefónicas entre sesiones.
- Equipo de consulta para los propios terapeutas.
Las habilidades que se enseñan se dividen en cuatro módulos: mindfulness, tolerancia al malestar, regulación emocional y efectividad interpersonal.
La DBT fue diseñada originalmente para adultos con TLP y conductas parasuicidas o autolesivas recurrentes, pero la evidencia acumulada ha ampliado su aplicación a numerosas poblaciones, entre ellas:
- Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), con o sin conductas suicidas o autolesivas.
- Adolescentes con desregulación emocional, autolesiones o ideación suicida (DBT-A).
- Trastornos por uso de sustancias.
- Trastornos de la conducta alimentaria (bulimia nerviosa, trastorno por atracón).
- Trastornos del estado de ánimo, incluyendo depresión resistente y trastorno bipolar.
- Trastorno de estrés postraumático comórbido con desregulación emocional severa (DBT-PTSD, DBT-PE).
- Ansiedad severa asociada a desregulación emocional.
Fuente: revisiones y meta-análisis publicados en 2025 (Journal of Advanced Psychology, 7(3), 2025; Int'l Bipolar Disorders review) confirman la eficacia de la DBT en TLP, suicidalidad, trastornos alimentarios, depresión, ansiedad y consumo de sustancias, tanto en adolescentes como en adultos.
El TLP es un patrón persistente de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y las emociones, junto con una marcada impulsividad.
Según el DSM-5, sus características centrales incluyen:
- Esfuerzos frenéticos para evitar el abandono real o imaginado.
- Relaciones inestables e intensas.
- Alteración de la identidad.
- Impulsividad en al menos dos áreas potencialmente dañinas (gastos, sexualidad, consumo de sustancias, conducción temeraria, atracones).
- Conductas o amenazas suicidas recurrentes o autolesiones.
- Inestabilidad afectiva.
- Sentimientos crónicos de vacío.
- Dificultad para controlar la ira.
- Ideación paranoide o disociación transitoria relacionada con el estrés.
Las conductas impulsivas —autolesiones, intentos de suicidio, atracones, consumo problemático de sustancias, gastos descontrolados— suelen funcionar como intentos, poco efectivos a largo plazo, de regular una emoción intensa e insoportable.
La DBT aborda directamente esta función, enseñando habilidades alternativas de regulación emocional y tolerancia al malestar.
La RO DBT (Radically Open DBT) es una adaptación de la DBT desarrollada por el Dr. Thomas R. Lynch, orientada no a la desregulación emocional sino al sobrecontrol (overcontrol) excesivo.
Mientras la DBT clásica trabaja principalmente lo intrapersonal (regulación emocional, aceptación radical), la RO DBT pone el foco en lo interpersonal: la señalización social, la conexión con otros y la apertura radical.
Fue formulada inicialmente para el tratamiento de la anorexia nerviosa en adultos y desde entonces se ha extendido a depresión crónica, trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad (TOCP), trastorno del espectro autista y otros cuadros asociados al sobrecontrol.
Evidencia 2024-2025: una revisión sistemática (Hatoum & Burton, Journal of Clinical Psychology, 2024) encontró evidencia emergente y consistente de eficacia de la RO DBT en adolescentes y adultos con anorexia nerviosa, autismo y depresión resistente al tratamiento.
El fact sheet de la ABCT (actualizado en 2025-2026) documenta que la RO DBT reduce la severidad sintomática en depresión crónica con y sin comorbilidad de personalidad (incluyendo TOCP; Fennig et al., 2025), en adolescentes y adultos con anorexia nerviosa, en adultos con espectro autista, y en adolescentes con sobrecontrol elevado tratados de forma online (Fennig et al., 2024).
Un estudio de 2025 (Journal of Eating Disorders, 13:260) mostró que la conexión social media el vínculo entre la inflexibilidad, la supresión emocional y los síntomas de trastornos alimentarios y depresión en adolescentes tratados con RO DBT.
La evidencia sigue siendo emergente (predominan estudios piloto, series de caso y ensayos no controlados), por lo que se la considera un tratamiento prometedor y en expansión, más que un estándar de primera línea consolidado como la DBT clásica.
El sobrecontrol es un patrón de personalidad transdiagnóstico caracterizado por una inhibición excesiva de la expresión emocional y un control conductual rígido, que —aunque adaptativo en algunos contextos— genera dificultades importantes en el plano relacional.
Las personas sobrecontroladas suelen funcionar muy bien en tareas estructuradas y solitarias, pero encuentran obstáculos severos para la conexión social espontánea.
Ítems / rasgos que definen el sobrecontrol según la literatura (Lynch et al.):
- Perfeccionismo desadaptativo y autocrítica severa.
- Rigidez cognitiva y conductual; necesidad de estructura, orden y simetría.
- Insistencia en la invariabilidad (dificultad para tolerar el cambio o la incertidumbre).
- Control excesivo de la expresión emocional espontánea ("máscara social").
- Miedo desproporcionado a cometer errores o ser juzgado.
- Funcionamiento interpersonal distante o "aislado", con dificultad para sentirse cercano a otros.
- Baja apertura a la retroalimentación y a experiencias nuevas.
- Sensación crónica de soledad emocional, incluso rodeado de otras personas.
Estos rasgos se asocian clínicamente a anorexia nerviosa, depresión crónica/resistente al tratamiento, TOCP, trastornos de ansiedad de larga duración y espectro autista con rigidez conductual marcada.
Trastornos de la Conducta Alimentaria
Los TCA son un grupo de condiciones psiquiátricas caracterizadas por alteraciones graves y persistentes en la conducta alimentaria y en la relación con el cuerpo, el peso y la imagen corporal, con consecuencias médicas y psicológicas significativas. Los principales cuadros son:
- Anorexia nerviosa (AN): restricción alimentaria persistente, miedo intenso a aumentar de peso y alteración de la percepción de la propia imagen corporal.
- Bulimia nerviosa (BN): episodios recurrentes de atracón seguidos de conductas compensatorias (vómito autoinducido, laxantes, ejercicio excesivo, ayuno).
- Trastorno por atracón (TA / BED): episodios de atracón recurrentes sin conductas compensatorias regulares.
- Trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID): evitación o restricción alimentaria no motivada por preocupación por el peso o la figura.
- Otros trastornos alimentarios y de la ingesta especificados (OSFED).
Contamos con un equipo de profesionales capacitados y certificados en los principales modelos con respaldo científico para el tratamiento de los TCA:
- Tratamiento Basado en la Familia (FBT / Maudsley): tratamiento de primera línea para adolescentes con anorexia y bulimia nerviosa, en el cual los padres asumen un rol activo en la renutrición y en la recuperación del control sobre la alimentación.
- MANTRA (Maudsley Model of Anorexia Nervosa Treatment for Adults): modelo específico para adultos con anorexia nerviosa, centrado en los factores que mantienen el trastorno (rigidez cognitiva, evitación emocional, relaciones interpersonales).
- TCC-E (Terapia Cognitivo Conductual Mejorada / CBT-E): tratamiento transdiagnóstico centrado en los mecanismos que perpetúan el TCA (sobrevaloración del peso y la figura, restricción, atracones).
- DBT para TCA (DBT-ED): adaptación de la DBT centrada en la desregulación emocional como motor del atracón, la purga o la restricción.
- RO-DBT (DBT Radicalmente Abierta): indicada especialmente para anorexia nerviosa con marcado sobrecontrol, rigidez y aislamiento social.
Tratamiento Basado en la Familia (FBT): es el tratamiento con mayor evidencia acumulada para adolescentes con TCA y es recomendado como primera línea por las principales guías clínicas internacionales. Una revisión Cochrane de 2019 lo evaluó positivamente, aunque señaló limitaciones metodológicas en algunos estudios; un metaanálisis en red de 2022 (Monteleone et al.) mostró resultados prometedores de la terapia familiar en adultos jóvenes con anorexia.
MANTRA: los datos más recientes (metaanálisis de Fernández García y Quiles Marcos, 2024, citado en Bruns et al., International Journal of Eating Disorders, 2025) indican que MANTRA no es superior a otras intervenciones psicológicas activas, aunque continúa siendo un tratamiento validado y ampliamente recomendado para adultos con anorexia nerviosa.
TCC-E (CBT-E): es el modelo con mayor cuerpo de evidencia sistemática disponible en adultos con TCA (mapa de revisiones sistemáticas, PMC, 2023) y ha mostrado buenos resultados también en adolescentes, incluso cuando el FBT no logró la recuperación completa (Cognitive Behaviour Therapist, Cambridge, 2025; estudio no aleatorizado 2020-2022 con seguimiento a 12 meses).
Un metaanálisis de 2025 (Bruns et al., International Journal of Eating Disorders) confirmó su eficacia, sin encontrar superioridad frente a otros tratamientos activos, situándola como una alternativa sólida cuando el FBT no es viable o no ha sido efectivo.
DBT-ED: una revisión sistemática sobre CBT y DBT en TCA adolescentes concluyó que las intervenciones informadas en DBT muestran alta factibilidad, aceptabilidad y efectividad, con reducciones significativas en atracones y purgas, con tasas de abandono comparables a las del FBT (Journal of Eating Disorders, Springer).
RO-DBT: la evidencia más reciente (2020-2025) muestra reducciones del sobrecontrol maladaptativo en adolescentes y adultos con anorexia nerviosa tratados con RO-DBT, incluyendo estudios de caso único (Isaksson et al., 2021), series de casos en programas de día (Baudinet et al., 2020) y un estudio de 2025 (Journal of Eating Disorders, 13:260) que documenta el rol mediador de la conexión social en la mejora de síntomas alimentarios y depresivos.
Contamos con un equipo interdisciplinario de profesionales capacitados y certificados en estos modelos (FBT, MANTRA, CBT-E, DBT-ED y RO-DBT), integrando psicoterapia individual, trabajo familiar cuando corresponde, y seguimiento coordinado con nutrición y, cuando es necesario, con psiquiatría, para ofrecer un tratamiento integral y adaptado a cada etapa evolutiva y a la severidad del cuadro.
Equipo de Clínica General
Nuestro equipo de Clínica General trabaja con Terapia Cognitivo Conductual (TCC), combinada con Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y Psicoterapia Analítico Funcional (FAP), para el tratamiento de:
- Fobia social (trastorno de ansiedad social).
- Fobias específicas.
- Trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
- Depresión.
- Cambios y transiciones vitales significativas.
- Trastorno obsesivo compulsivo (TOC).
- Otros padecimientos emocionales y conductuales frecuentes en la práctica clínica ambulatoria.
La TCC es un modelo de psicoterapia basado en la premisa de que nuestros pensamientos, emociones y conductas están interconectados, y que modificar patrones de pensamiento disfuncionales y conductas de evitación produce cambios duraderos en el malestar emocional.
Combina técnicas de reestructuración cognitiva con estrategias conductuales, siendo la exposición (gradual o intensiva) el componente con mayor evidencia para los trastornos de ansiedad.
Es, hasta la fecha, el modelo psicoterapéutico con mayor cantidad de ensayos clínicos aleatorizados y meta-análisis a nivel mundial, y constituye el tratamiento de primera línea recomendado en la mayoría de las guías clínicas internacionales para trastornos de ansiedad y depresión.
ACT es una terapia de "tercera ola" desarrollada por Steven C. Hayes, que utiliza mindfulness, aceptación de las experiencias internas (pensamientos, emociones, sensaciones) y compromiso con los valores personales para promover la flexibilidad psicológica.
A diferencia de la TCC tradicional, ACT no busca eliminar o modificar directamente el contenido de los pensamientos, sino cambiar la relación de la persona con ellos.
FAP es un modelo desarrollado por Robert Kohlenberg y Mavis Tsai que utiliza la relación terapéutica misma como el principal vehículo de cambio.
Los patrones relacionales problemáticos del paciente —evitación, desconfianza, dificultad para la intimidad— tienden a manifestarse también dentro de la sesión, y el terapeuta responde a ellos en tiempo real, reforzando conductas más adaptativas y de mayor conexión.
Suele combinarse con ACT (protocolo FACT) para potenciar tanto la flexibilidad psicológica como el cambio interpersonal.
TCC: múltiples meta-análisis confirman que la TCC —particularmente los componentes de exposición— es altamente eficaz para los trastornos de ansiedad, superando de forma consistente a listas de espera y placebo, y superando a otras modalidades psicosociales en varios cuadros específicos (revisión de hallazgos meta-analíticos, PubMed).
Estudios recientes (2025) confirman su eficacia también en adultos mayores, con tasas de remisión diagnóstica cercanas al 54%, y en formatos digitales, con tamaños de efecto grandes (g = 0.78) equivalentes a la modalidad presencial.
ACT: según la Association for Contextual Behavioral Science, a enero de 2025 existían más de 1300 ensayos clínicos aleatorizados y más de 550 revisiones sistemáticas y meta-análisis sobre ACT a nivel mundial.
Una revisión sistemática de 2025 (Journal of Psychiatry Spectrum) sobre ACT para trastorno de ansiedad social encontró resultados favorables frente a listas de espera y comparables a la TCC.
Otra revisión sistemática de 2025 (PMC) confirmó mejoras en funcionamiento social e interpersonal en pacientes psiquiátricos, incluyendo cuadros de ansiedad, depresión y TEPT.
FAP / FACT: la evidencia es más incipiente que la de TCC o ACT por separado, con estudios principalmente de diseño piloto.
Un estudio controlado con lista de espera (2019) sobre el protocolo FACT en empleados públicos mostró mejoras estadísticamente significativas en malestar, burnout, flexibilidad psicológica y ansiedad frente al grupo control, lo que constituye una evidencia inicial prometedora para su uso breve en contextos de ansiedad y estrés relacionados con el funcionamiento interpersonal.
En conjunto, TCC cuenta con la base de evidencia más sólida y consolidada; ACT presenta una base de evidencia amplia y en rápido crecimiento; FAP se utiliza principalmente en combinación con ACT o TCC para potenciar el trabajo sobre patrones interpersonales, con evidencia todavía emergente pero consistente con su fundamento teórico.
Equipo de Psiquiatría
El equipo de Psiquiatría está integrado por médicos especialistas encargados de la evaluación diagnóstica, el diseño de estrategias de tratamiento farmacológico cuando están indicadas, y el seguimiento clínico de las personas que atraviesan un trastorno mental.
Su función central es complementar el trabajo psicoterapéutico con una mirada médica: evaluar la necesidad de medicación, ajustar dosis, monitorear efectos secundarios e interacciones, y detectar factores biológicos o médicos que puedan estar incidiendo en el cuadro.
A diferencia de un abordaje puramente farmacológico, en nuestro modelo la psiquiatría no funciona de manera aislada, sino como una pieza más dentro de un tratamiento integral centrado en la persona.
Nuestro equipo de Psiquiatría funciona de forma interconsultada y coordinada con los equipos de DBT y RO-DBT, Trauma y Estrés Postraumático, Trastornos de la Conducta Alimentaria, y Clínica General.
Esto significa que el psiquiatra no solo evalúa y prescribe, sino que participa activamente del proceso terapéutico junto con el terapeuta a cargo, compartiendo información clínica relevante (con el consentimiento del paciente), ajustando el plan de tratamiento en función de la evolución psicoterapéutica, y sosteniendo reuniones de equipo periódicas para revisar los casos más complejos.
Este modelo de trabajo en equipo —conocido en la literatura como "atención colaborativa" o "collaborative care"— es uno de los abordajes con mayor respaldo empírico dentro de la salud mental integrada: cuenta con más de 90 ensayos clínicos aleatorizados y numerosos meta-análisis que muestran mejores resultados clínicos, mayor satisfacción de pacientes y profesionales, y mayor adherencia al tratamiento en comparación con la atención fragmentada o exclusivamente farmacológica.
- Con el equipo de DBT/RO-DBT: acompaña el tratamiento de personas con desregulación emocional severa, TLP o sobrecontrol, evaluando la necesidad de estabilización farmacológica cuando el cuadro lo requiere.
- Con el equipo de Trauma: colabora en el manejo de síntomas disociativos, de hiperactivación o del estado de ánimo asociados al TEPT y al TEPT complejo, sin reemplazar el trabajo de procesamiento del trauma que realizan los tratamientos psicoterapéuticos específicos.
- Con el equipo de Trastornos de la Conducta Alimentaria: participa del seguimiento médico y nutricional, evaluando riesgos físicos asociados y la eventual necesidad de intervención farmacológica complementaria.
- Con el equipo de Clínica General: acompaña el tratamiento de trastornos de ansiedad, TOC y depresión cuando la psicoterapia (TCC, ACT, FAP) requiere ser complementada con medicación.
Los trastornos del estado de ánimo son un conjunto de cuadros caracterizados por alteraciones persistentes en el humor que exceden las fluctuaciones emocionales esperables, generando malestar significativo y afectando el funcionamiento diario. Incluyen principalmente:
- Trastorno depresivo mayor y otras formas de depresión: distimia, depresión crónica y depresión resistente al tratamiento.
- Trastorno bipolar tipo I y tipo II: caracterizados por episodios de manía o hipomanía alternados con episodios depresivos.
- Trastornos del estado de ánimo asociados a otras condiciones médicas o inducidos por sustancias.
El equipo de Psiquiatría es especialista en la evaluación y el tratamiento de estos cuadros, integrando el uso racional de psicofármacos (antidepresivos, estabilizadores del ánimo, antipsicóticos cuando corresponde) con el trabajo psicoterapéutico correspondiente.
Además de los trastornos del estado de ánimo, el equipo de Psiquiatría evalúa y trata, en articulación con los equipos terapéuticos correspondientes, otros cuadros como trastornos de ansiedad severos, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos del sueño, cuadros disociativos, síntomas psicóticos, TDAH en adultos y adolescentes, y cualquier otra condición psiquiátrica que requiera una evaluación médica especializada como parte de un tratamiento integral.
La evidencia sobre el tratamiento combinado varía según el cuadro.
En depresión: distintos meta-análisis muestran que la combinación de psicoterapia y antidepresivos aporta beneficios adicionales especialmente en depresión crónica y para la prevención de recaídas, aunque en el episodio agudo los efectos sobre el funcionamiento y la calidad de vida de la psicoterapia y la farmacoterapia por separado suelen ser de magnitud similar (metaanálisis de 153 ensayos, 2017; revisión de efectos sostenidos de psicoterapia, antidepresivos y su combinación, 2024).
Un metaanálisis de 2021 (JAMA Psychiatry) sobre la combinación secuencial de fármaco y psicoterapia mostró beneficios en la prevención de recaídas y recurrencias en el trastorno depresivo mayor.
En el trastorno bipolar: la evidencia es particularmente sólida a favor del tratamiento combinado: la psicoterapia (habitualmente psicoeducación, terapia familiar o TCC) sumada a los estabilizadores del ánimo reduce las recaídas, mejora la adherencia al tratamiento farmacológico y el funcionamiento social, siendo considerada un complemento indispensable —y no opcional— del tratamiento farmacológico (Focus / APA Publishing; revisiones sobre psicoterapia adyuvante en bipolaridad, 2021 en adelante).
En conjunto, la literatura respalda un modelo de decisión clínica individualizada: la combinación de psicofarmacología y psicoterapia no siempre es superior en todos los cuadros ni en todas las etapas del tratamiento, pero sí lo es de forma consistente en trastorno bipolar, en depresión crónica y en la prevención de recaídas, que son precisamente los escenarios donde el trabajo articulado entre psiquiatría y los equipos terapéuticos aporta mayor valor.
El objetivo es sostener, junto con el resto de los equipos, un tratamiento verdaderamente integral: que la dimensión médica y farmacológica esté siempre articulada con el proceso psicoterapéutico, evitando tanto la fragmentación de la atención como la medicalización innecesaria, y priorizando en cada caso la estrategia con mayor respaldo científico y mejor ajuste a la situación particular de cada persona.
Estrés Postraumático
El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es una condición que puede desarrollarse tras la exposición a un evento traumático real o amenaza de muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea de forma directa, presenciada, conocida a través de un familiar o amigo cercano, o por exposición repetida a detalles aversivos (por ejemplo, en primeros respondientes).
Según el DSM-5, se caracteriza por síntomas de reexperimentación (recuerdos intrusivos, pesadillas, flashbacks), evitación de estímulos asociados al trauma, alteraciones negativas en cogniciones y estado de ánimo, y una marcada hiperactivación (alerta excesiva, sobresalto, irritabilidad).
Estrés postraumático complejo (TEPT-C / C-PTSD): la definición más abarcativa y actualizada proviene de la CIE-11 (OMS), que reconoce esta condición como un diagnóstico propio, distinto del TEPT clásico.
El TEPT-C se asocia a exposición prolongada o repetida a situaciones traumáticas, típicamente de origen interpersonal (por ejemplo, abuso infantil sostenido, violencia doméstica), de las cuales la persona no pudo escapar.
Incluye, además de los tres clusters clásicos del TEPT, alteraciones en la autorregulación en tres dominios: dificultades para identificar y regular emociones, autoconcepto negativo y baja autoestima, y dificultades para establecer y mantener relaciones interpersonales.
Investigaciones recientes (2025-2026) señalan que el TEPT-C podría ser tan prevalente como el TEPT clásico en población general, y más prevalente aún en poblaciones clínicas y grupos ocupacionales de alto riesgo.
Nuestro equipo de trauma trabaja también con personas que atravesaron situaciones traumáticas severas y que, si bien no cumplen criterios completos para TEPT u otro diagnóstico formal, presentan un deterioro significativo en su calidad de vida a raíz de esas experiencias.
Exposición Prolongada (PE), de Edna Foa: protocolo de referencia mundial para el TEPT, centrado en el reprocesamiento emocional del recuerdo traumático a través de exposición imaginaria repetida al recuerdo y exposición in vivo a situaciones evitadas. Es, junto con la Terapia de Procesamiento Cognitivo (CPT), uno de los tratamientos con el nivel de evidencia más alto reconocido por las guías clínicas (APA, 2025).
DBT-PTSD, de Martin Bohus: protocolo modular que combina el marco de la DBT (regulación emocional, tolerancia al malestar) con técnicas de exposición específicas para el TEPT relacionado con abuso infantil, especialmente indicado cuando hay comorbilidad severa con TLP, disociación o autolesiones.
DBT-PE, de Melanie Harned: protocolo que integra el módulo de Exposición Prolongada de Foa dentro del marco estándar de la DBT, una vez que el paciente alcanzó estabilidad conductual suficiente (control sobre conductas de riesgo para la vida y que interfieren con el tratamiento).
EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), de Francine Shapiro: terapia que combina el procesamiento narrativo del recuerdo traumático con estimulación bilateral (habitualmente movimientos oculares), bajo el marco teórico del Procesamiento Adaptativo de la Información.
Exposición Prolongada (PE) y Terapia de Procesamiento Cognitivo (CPT): las guías de la APA (actualizadas en 2025) identifican a la PE, la CPT y la TCC centrada en el trauma como las tres intervenciones con el nivel de evidencia más alto para adultos con TEPT, basándose en la revisión de 15 revisiones sistemáticas. Se priorizan por sobre el tratamiento farmacológico.
DBT-PTSD (Bohus): un ensayo clínico aleatorizado (Bohus et al., Psychotherapy and Psychosomatics, 2013) en mujeres con TEPT por abuso sexual infantil, con y sin TLP comórbido, mostró tamaños de efecto de moderados a grandes en síntomas postraumáticos y en la mayoría de los resultados secundarios.
Comparaciones posteriores (2024-2025) reportan tasas de remisión cercanas al 58%, superiores a las observadas con DBT-PE en algunos estudios comparativos, aunque los diseños y las muestras difieren entre sí.
DBT-PE (Harned): un primer ensayo abierto (Harned et al., 2012) y un ensayo controlado aleatorizado piloto (Harned et al., 2014) en mujeres con TLP, TEPT y autolesiones mostraron que agregar el protocolo PE a la DBT produce mejoras más amplias y estables en TEPT que la DBT sola, duplicando la tasa de remisión entre quienes completan el tratamiento (80% vs. 40%), además de reducir el riesgo de intentos de suicidio y autolesiones.
Un estudio de efectividad en entornos comunitarios (Harned et al., 2021) confirmó que el protocolo es factible, aceptable y seguro también fuera de contextos de investigación controlada, aunque con una magnitud de cambio algo menor que en los ensayos originales.
EMDR (Shapiro): la revisión Cochrane de 2023 sobre intervenciones psicosociales para sobrevivientes de agresión sexual reconoce al EMDR como tratamiento de primera línea para el TEPT, junto con la CPT y la PE.
Dos revisiones sistemáticas con meta-análisis de 2025 (British Journal of Psychology; Journal of Affective Disorders, 2026) confirman que el EMDR es significativamente superior a lista de espera/cuidado habitual y no muestra diferencias significativas frente a la TCC centrada en el trauma, siendo además una intervención costo-efectiva.
La evidencia sobre el mecanismo específico de los movimientos oculares sigue siendo debatida, aunque la eficacia clínica global del protocolo está bien establecida.
En conjunto, la evidencia actual respalda un abordaje flexible y centrado en la persona: PE y CPT como tratamientos trauma-focalizados de primera línea; DBT-PTSD y DBT-PE como opciones de primera línea cuando existe comorbilidad severa con desregulación emocional, disociación o riesgo de autolesión/suicidio; y EMDR como alternativa igualmente eficaz y bien tolerada, especialmente cuando la verbalización extensa del trauma resulta particularmente difícil para la persona.
Nuestro equipo busca ayudar a mejorar la calidad de vida de personas que atravesaron situaciones traumáticas severas, incluyendo a quienes no cumplen criterios completos para un diagnóstico formal pero cuyo funcionamiento cotidiano, vínculos y bienestar emocional se han visto afectados de manera significativa por esas experiencias.
Dialectical Behavior Therapy (DBT)
A Terapia Comportamental Dialética (DBT, do inglês Dialectical Behavior Therapy) é um tratamento psicológico estruturado desenvolvido pela Dra. Marsha M. Linehan no final da década de 1980 para o tratamento de pessoas com comportamento suicida crônico e Transtorno de Personalidade Borderline (TPB).
Baseia-se em princípios cognitivo-comportamentais combinados com práticas de aceitação, validação e mindfulness. O termo "dialética" refere-se à síntese constante entre aceitação e mudança: a pessoa é validada como é, ao mesmo tempo em que é ativamente ajudada a modificar padrões que geram sofrimento.
O tratamento padrão de DBT é organizado em quatro componentes:
- terapia individual,
- treinamento de habilidades em
- grupo, consultoria telefônica entre
- sessões e uma equipe de consultoria para
os próprios terapeutas. As habilidades ensinadas dividem-se em quatro módulos: mindfulness, tolerância ao mal-estar, regulação emocional e efetividade interpessoal.
A DBT foi originalmente projetada para adultos com TPB e comportamento parassuicida ou autolesivo recorrente, mas a evidência acumulada ampliou sua aplicação a diversas populações, entre elas:
- Transtorno de Personalidade Borderline (TPB),com ou sem comportamento suicida ou autolesivo.
- Adolescentes com desregulação emocional, autolesões ou ideação suicida (DBT-A).
- Transtornos por uso de substâncias.
- Transtornos alimentares (bulimia nervosa, transtorno da compulsão alimentar).
- Transtornos do humor, incluindo depressão resistente e transtorno bipolar.
- Transtorno de estresse pós-traumático comórbido com desregulação emocional grave (DBT-PTSD, DBT-PE).
- Ansiedade grave associada à desregulação emocional.
Fonte: revisões e meta-análises publicadas em 2025 (Journal of Advanced Psychology, 7(3), 2025; revisão em Int'l Journal of Bipolar Disorders) confirmam a eficácia da DBT no TPB, suicidalidade, transtornos alimentares, depressão, ansiedade e uso de substâncias, tanto em adolescentes quanto em adultos.
O TPB é um padrão persistente de instabilidade nos relacionamentos interpessoais, na autoimagem e nas emoções, junto com marcada impulsividade. Segundo
o DSM-5, suas características centrais incluem: esforços
- frenéticos para evitar abandono real ou imaginado, relacionamentos instáveis
- e intensos, perturbação de
- identidade, impulsividade em
- pelo menos duas áreas potencialmente prejudiciais (gastos, sexualidade, uso de substâncias, direção imprudente, compulsão alimentar), comportamento
- ou ameaças suicidas recorrentes ou autolesões, instabilidade
- afetiva, sentimentos
- crônicos de vazio,
- dificuldade em controlar a raiva,
- e ideação paranoide ou dissociação transitória relacionada ao estresse.
Os comportamentos impulsivos — autolesões, tentativas de suicídio, compulsão alimentar, uso problemático de substâncias, gastos descontrolados — costumam funcionar como tentativas (pouco eficazes a longo prazo) de regular uma emoção intensa e insuportável.
A DBT aborda diretamente essa função, ensinando habilidades alternativas de regulação emocional e tolerância ao mal-estar.
A RO DBT (Radically Open DBT) é uma adaptação da DBT desenvolvida pelo Dr. Thomas R. Lynch, voltada não para a desregulação emocional, mas para o autocontrole excessivo(overcontrol).
Enquanto a DBT clássica trabalha principalmente o intrapessoal (regulação emocional, aceitação radical), a RO DBT foca no interpessoal: a sinalização social, a conexão com os outros e a abertura radical.
Foi formulada inicialmente para o tratamento da anorexia nervosa em adultos e desde então se estendeu à depressão crônica, transtorno da personalidade obsessivo-compulsiva (TPOC), transtorno do espectro autista e outros quadros associados ao sobrecontrole.
Evidência 2024-2025: uma revisão sistemática (Hatoum & Burton, Journal of ClinicalPsychology, 2024) encontrou evidência emergente e consistente de eficácia da RO DBT em adolescentes e adultos com anorexia nervosa, autismo e depressão resistente ao tratamento.
A ficha técnica da ABCT (atualizada em 2025-2026) documenta que a RO DBT reduz a gravidade sintomática na depressão crônica com e sem comorbidade de personalidade (incluindo TPOC; Fennig et al., 2025), em adolescentes e adultos com anorexia nervosa, em adultos com espectro autista, e em adolescentes com sobrecontrole elevado tratados de forma on-line (Fennig et al., 2024).
Um estudo de 2025(Journal of Eating Disorders,13:260) mostrou que a conexão social media a relação entre inflexibilidade, supressão emocional e sintomas de transtornos alimentares e depressão em adolescentes tratados com RO DBT.
A evidência ainda é emergente (predominam estudos-piloto, séries de casos e ensaios não controlados), por isso é considerada um tratamento promissor e em expansão, mais do que um padrão de primeira linha consolidado como a DBT clássica.
O sobrecontrole é um padrão de personalidade transdiagnóstico caracterizado por inibição excessiva da expressão emocional e controle comportamental rígido, que — embora adaptativo em alguns contextos — gera dificuldades importantes no plano relacional.
Pessoas sobrecontroladas costumam funcionar muito bem em tarefas estruturadas e solitárias, mas encontram obstáculos severos para a conexão social espontânea.
Itens / traços que definem o sobrecontrole segundo a literatura (Lynch et al.):
- Perfeccionismo desadaptativo e autocrítica severa.
- Rigidez cognitiva e comportamental; necessidade de estrutura, ordem e simetria.
- Insistência na invariabilidade (dificuldade em tolerar mudança ou incerteza).
- Controle excessivo da expressão emocional espontânea ("máscara social").
- Medo desproporcional de cometer erros ou ser julgado.
- Funcionamento interpessoal distante ou "isolado", com dificuldade de se sentir próximo dos outros.
- Baixa abertura a feedback e a novas experiências.
- Sensação crônica de solidão emocional, mesmo cercado de outras pessoas.
Esses traços associam-se clinicamente à anorexia nervosa, depressão crônica/resistente ao tratamento, TPOC, transtornos de ansiedade de longa duração e espectro autista com rigidez comportamental marcada.
Transtornos Alimentares
Os TA são um grupo de condições psiquiátricas caracterizadas por alterações graves e persistentes no comportamento alimentar e na relação com o corpo, o peso e a imagem corporal, com consequências médicas e psicológicas significativas. Os principais quadros são:
- Anorexia nervosa (AN): restrição alimentar persistente, medo intenso de ganhar peso e alteração na percepção da própria imagem corporal.
- Bulimia nervosa (BN): episódios recorrentes de compulsão alimentar seguidos de comportamentos compensatórios (vômito autoinduzido, laxantes, exercício excessivo, jejum).
- Transtorno da compulsão alimentar (TCA / BED): episódios de compulsão alimentar recorrentes sem comportamentos compensatórios regulares.
- Transtorno de evitação/restrição da ingestão alimentar (ARFID): evitação ou restrição alimentar não motivada por preocupação com peso ou forma corporal.
- Outros transtornos alimentares especificados (OSFED).
Contamos com uma equipe de profissionais capacitados e certificados nos principais modelos com respaldo científico para o tratamento dos TA:
- Tratamento Baseado na Família (FBT / Maudsley): tratamento de primeira linha para adolescentes com anorexia e bulimia nervosa, no qual os pais assumem um papel ativo na renutrição e na recuperação do controle sobre a alimentação.
- MANTRA (Maudsley Model of Anorexia Nervosa Treatment for Adults): modelo específico para adultos com anorexia nervosa, focado nos fatores que mantêm o transtorno (rigidez cognitiva, evitação emocional, relações interpessoais).
- TCC-E (Terapia Cognitivo-Comportamental Aprimorada / CBT-E): tratamento transdiagnóstico focado nos mecanismos que perpetuam o TA (supervalorização do peso e da forma, restrição, compulsões).
- DBT para TA (DBT-ED): adaptação da DBT focada na desregulação emocional como motor da compulsão, purgação ou restrição.
- RO-DBT (DBT Radicalmente Aberta): indicada especialmente para anorexia nervosa com marcado sobrecontrole, rigidez e isolamento social.
Tratamento Baseado na Família (FBT): é o tratamento com maior evidência acumulada para adolescentes com TA e é recomendado como primeira linha pelas principais diretrizes clínicas internacionais. Uma revisão Cochrane de 2019 avaliou-o positivamente, embora tenha apontado limitações metodológicas em alguns estudos; uma meta-análise em rede de 2022 (Monteleone et al.) mostrou resultados promissores da terapia familiar em adultos jovens com anorexia.
MANTRA: os dados mais recentes (meta-análise de Fernández García e Quiles Marcos, 2024, citada em Bruns et al., International Journal of Eating Disorders,2025) indicam que o MANTRA não é superior a outras intervenções psicológicas ativas, embora continue sendo um tratamento validado e amplamente recomendado para adultos com anorexia nervosa.
TCC-E (CBT-E): é o modelo com maior corpo de evidência sistemática disponível em adultos com TA (mapa de revisões sistemáticas, PMC, 2023) e mostrou bons resultados também em adolescentes, inclusive quando o FBT não alcançou a recuperação completa(Cognitive Behaviour Therapist,Cambridge, 2025; estudo não randomizado 2020-2022 com acompanhamento de 12 meses).
Uma meta-análise de 2025 (Bruns et al., Int'l Journal of EatingDisorders) confirmou sua eficácia, sem encontrar superioridade em relação a outros tratamentos ativos, posicionando-a como alternativa sólida quando o FBT não é viável ou não foi efetivo.
DBT-ED: uma revisão sistemática sobre CBT e DBT em TA de adolescentes concluiu que intervenções informadas em DBT mostram alta viabilidade, aceitabilidade e efetividade, com reduções significativas em compulsões e purgações, com taxas de abandono comparáveis às doFBT (Journal of EatingDisorders, Springer).
RO-DBT: a evidência mais recente (2020-2025) mostra reduções do sobrecontrole mal-adaptativo em adolescentes e adultos com anorexia nervosa tratados com RO-DBT, incluindo estudos de caso único (Isaksson et al., 2021), séries de casos em programas de dia (Baudinet et al., 2020) e um estudode 2025 (Journal ofEating Disorders, 13:260) que documenta o papel mediador da conexão social na melhora dos sintomas alimentares e depressivos.
Contamos com uma equipe interdisciplinar de profissionais capacitados e certificados nesses modelos (FBT, MANTRA, CBT-E, DBT-ED e RO-DBT), integrando psicoterapia individual, trabalho familiar quando cabível, e acompanhamento coordenado com nutrição e, quando necessário, com psiquiatria, para oferecer um tratamento integral e adaptado a cada fase evolutiva e à gravidade do quadro.
Equipe de Clínica Geral
Nossa equipe de Clínica Geral trabalha com Terapia Cognitivo-Comportamental (TCC), combinada com Terapia de Aceitação e Compromisso (ACT) e Psicoterapia Analítica Funcional (FAP), para o tratamento de:
- Fobia social (transtorno de ansiedade social).
- Fobias específicas.
- Transtorno de ansiedade generalizada (TAG).
- Depressão.
- Mudanças e transições de vida significativas.
- Transtorno obsessivo-compulsivo (TOC).
- Outras condições emocionais e comportamentais frequentes na prática clínica ambulatorial.
A TCC é um modelo de psicoterapia baseado na premissa de que nossos pensamentos, emoções e comportamentos estão interconectados, e que modificar padrões de pensamento disfuncionais e comportamentos de evitação produz mudanças duradouras no sofrimento emocional.
Combina técnicas de reestruturação cognitiva com estratégias comportamentais, sendo a exposição (gradual ou intensiva) o componente com maior evidência para os transtornos de ansiedade.
É, até o momento, o modelo psicoterapêutico com maior quantidade de ensaios clínicos randomizados e meta-análises em nível mundial, constituindo o tratamento de primeira linha recomendado na maioria das diretrizes clínicas internacionais para transtornos de ansiedade e depressão.
ACT é uma terapia de "terceira onda" desenvolvida por Steven C. Hayes, que utiliza mindfulness, aceitação das experiências internas (pensamentos, emoções, sensações) e compromisso com os valores pessoais para promover a flexibilidadepsicológica.
Diferentemente da TCC tradicional, a ACT não busca eliminar ou modificar diretamente o conteúdo dos pensamentos, mas mudar a relação da pessoa com eles.
FAP é um modelo desenvolvido por Robert Kohlenberg e Mavis Tsai que utiliza a própria relação terapêutica como o principal veículo de mudança:
os padrões relacionais problemáticos do paciente (evitação, desconfiança, dificuldade de intimidade) tendem a se manifestar também dentro da sessão, e o terapeuta responde a eles em tempo real, reforçando comportamentos mais adaptativos e de maior conexão. Costuma
ser combinada com ACT (protocolo FACT) para potencializar tanto a flexibilidade psicológica quanto a mudança interpessoal.
TCC: múltiplas meta-análises confirmam que a TCC — particularmente os componentes de exposição — é altamente eficaz para os transtornos de ansiedade, superando consistentemente listas de espera e placebo, e superando outras modalidades psicossociais em vários quadros específicos (revisão de achados meta-analíticos, PubMed).
Estudos recentes (2025) confirmam sua eficácia também em idosos, com taxas de remissão diagnóstica próximas de 54%, e em formatos digitais, com tamanhos de efeito grandes (g = 0,78) equivalentes à modalidade presencial.
ACT: segundo a Association for Contextual Behavioral Science, em janeiro de 2025 existiam mais de 1300 ensaios clínicos randomizados e mais de 550 revisões sistemáticas/meta-análises sobre ACT em nível mundial.
Uma revisão sistemática de 2025(Journal of Psychiatry Spectrum)sobre ACT para transtorno de ansiedade social encontrou resultados favoráveis frente a listas de espera e comparáveis à TCC.
Outra revisão sistemática de 2025 (PMC) confirmou melhorias no funcionamento social e interpessoal em pacientes psiquiátricos, incluindo quadros de ansiedade, depressão e TEPT.
FAP / FACT: a evidência é mais incipiente que a da TCC ou da ACT isoladamente, com estudos principalmente de desenho piloto.
Um estudo controlado com lista de espera (2019) sobre o protocolo FACT em funcionários públicos mostrou melhorias estatisticamente significativas em sofrimento, burnout, flexibilidade psicológica e ansiedade em relação ao grupo controle, constituindo evidência inicial promissora para seu uso breve em contextos de ansiedade e estresse relacionados ao funcionamento interpessoal.
Em conjunto, a TCC conta com a base de evidência mais sólida e consolidada; a ACT apresenta uma base de evidência ampla e em rápido crescimento; a FAP é utilizada principalmente em combinação com ACT ou TCC para potencializar o trabalho sobre padrões interpessoais, com evidência ainda emergente, mas consistente com seu fundamento teórico.
Equipe de Psiquiatria
A equipe de Psiquiatria é composta por médicos especialistas responsáveis pela avaliação diagnóstica, pelo planejamento de estratégias de tratamento farmacológico quando indicadas, e pelo acompanhamento clínico das pessoas que atravessam um transtorno mental.
Sua função central é complementar o trabalho psicoterapêutico com um olhar médico: avaliar a necessidade de medicação, ajustar doses, monitorar efeitos colaterais e interações, e detectar fatores biológicos ou médicos que possam estar influenciando o quadro.
Diferentemente de uma abordagem puramente farmacológica, em nosso modelo a psiquiatria não funciona de forma isolada, mas como mais uma peça dentro de um tratamento integral centrado na pessoa.
Nossa equipe de Psiquiatria funciona de forma interconsultada e coordenada com as equipes de DBT e RO-DBT, Trauma e Estresse Pós-Traumático, Transtornos Alimentares e Clínica Geral.
Isso significa que o psiquiatra não apenas avalia e prescreve, mas participa ativamente do processo terapêutico junto com o terapeuta responsável, compartilhando informações clínicas relevantes (com o consentimento do paciente), ajustando o plano de tratamento conforme a evolução psicoterapêutica, e mantendo reuniões de equipe periódicas para revisar os casos mais complexos.
Esse modelo de trabalho em equipe — conhecido na literatura como "atenção colaborativa" ou "collaborative care"— é uma das abordagens com maior respaldo empírico dentro da saúde mental integrada: conta com mais de 90 ensaios clínicos randomizados e diversas meta-análises que mostram melhores resultados clínicos, maior satisfação de pacientes e profissionais, e maior adesão ao tratamento em comparação com a atenção fragmentada ou exclusivamente farmacológica.
- Com a equipe de DBT/RO-DBT: acompanha o tratamento de pessoas com desregulação emocional grave, TPB ou sobrecontrole, avaliando a necessidade de estabilização farmacológica quando o quadro exige.
- Com a equipe de Trauma: colabora no manejo de sintomas dissociativos, de hiperativação ou de humor associados ao TEPT e ao TEPT complexo, sem substituir o trabalho de processamento do trauma realizado pelos tratamentos psicoterapêuticos específicos.
- Com a equipe de Transtornos Alimentares: participa do acompanhamento médico e nutricional, avaliando riscos físicos associados e a eventual necessidade de intervenção farmacológica complementar.
- Com a equipe de Clínica Geral: acompanha o tratamento de transtornos de ansiedade, TOC e depressão quando a psicoterapia (TCC, ACT, FAP) precisa ser complementada com medicação.
Os transtornos do humor são um conjunto de quadros caracterizados por alterações persistentes no humor que excedem as flutuações emocionais esperadas, gerando sofrimento significativo e afetando o funcionamento diário. Incluem principalmente:
- Transtorno depressivo maior e outras formas de depressão (distimia, depressão crônica, depressão resistente ao tratamento).
- Transtorno bipolar tipo I e tipo II, caracterizados por episódios de mania ou hipomania alternados com episódios depressivos.
- Transtornos do humor associados a outras condições médicas ou induzidos por substâncias.
A equipe de Psiquiatria é especialista na avaliação e no tratamento desses quadros, integrando o uso racional de psicofármacos (antidepressivos, estabilizadores de humor, antipsicóticos quando cabível) com o trabalho psicoterapêutico correspondente.
Além dos transtornos do humor, a equipe de Psiquiatria avalia e trata, em articulação com as equipes terapêuticas correspondentes, outros quadros como transtornos de ansiedade graves, transtorno obsessivo-compulsivo, transtornos do sono, quadros dissociativos, sintomas psicóticos, TDAH em adultos e adolescentes, e qualquer outra condição psiquiátrica que exija avaliação médica especializada como parte de um tratamento integral.
A evidência sobre o tratamento combinado varia conforme o quadro.
Na depressão, diferentes meta-análises mostram que a combinação de psicoterapia e antidepressivos traz benefícios adicionais especialmente na depressão crônica e na prevenção de recaídas, embora no episódio agudo os efeitos sobre o funcionamento e a qualidade de vida da psicoterapia e da farmacoterapia isoladamente costumem ter magnitude semelhante (meta-análise de 153 ensaios, 2017; revisão de efeitos sustentados de psicoterapia, antidepressivos e sua combinação, 2024).
Uma meta-análise de 2021(JAMA Psychiatry)sobre a combinação sequencial de medicação e psicoterapia mostrou benefícios na prevenção de recaídas e recorrências no transtorno depressivo maior.
No transtorno bipolar, a evidência é particularmente sólida a favor do tratamento combinado: a psicoterapia (geralmente psicoeducação, terapia familiar ou TCC) somada aos estabilizadores de humor reduz as recaídas, melhora a adesão ao tratamento farmacológico e o funcionamento social, sendo considerada um complemento indispensável — e não opcional — dotratamento farmacológico (Focus/APA Publishing;revisões sobre psicoterapia adjuvante na bipolaridade, 2021 em diante).
Em conjunto, a literatura respalda um modelo de decisão clínica individualizada: a combinação de psicofarmacologia e psicoterapia nem sempre é superior em todos os quadros ou em todas as etapas do tratamento, mas é consistentemente superior no transtorno bipolar, na depressão crônica e na prevenção de recaídas — justamente os cenários em que o trabalho articulado entre psiquiatria e as equipes terapêuticas traz maior valor.
O objetivo é sustentar, junto com as demais equipes, um tratamento verdadeiramente integral: que a dimensão médica e farmacológica esteja sempre articulada com o processo psicoterapêutico, evitando tanto a fragmentação do cuidado quanto a medicalização desnecessária, e priorizando em cada caso a estratégia com maior respaldo científico e melhor ajuste à situação particular de cada pessoa.
Estresse Pós-Traumático
O Transtorno de Estresse Pós-Traumático (TEPT) é uma condição que pode se desenvolver após a exposição a um evento traumático real ou ameaça de morte, lesão grave ou violência sexual, seja de forma direta, testemunhada, conhecida por meio de um familiar ou amigo próximo, ou por exposição repetida a detalhes aversivos (por exemplo, em socorristas).
Segundo o DSM-5, caracteriza-se por sintomas de reexperimentação (lembranças intrusivas, pesadelos, flashbacks), evitação de estímulos associados ao trauma, alterações negativas em cognições e humor, e marcada hiperativação (alerta excessivo, sobressalto, irritabilidade).
Estresse pós-traumático complexo (TEPT-C / C-PTSD): a definição mais abrangente e atualizada vem da CID-11 (OMS), que reconhece essa condição como um diagnóstico próprio, distinto do TEPT clássico.
O TEPT-C associa-se à exposição prolongada ou repetida a situações traumáticas, tipicamente de origem interpessoal (por exemplo, abuso infantil sustentado, violência doméstica), das quais a pessoa não pôde escapar.
Inclui, além dos três clusters clássicos do TEPT, alterações na autorregulação em três domínios: dificuldades para identificar e regular emoções, autoconceito negativo e baixa autoestima, e dificuldades para estabelecer e manter relacionamentos interpessoais.
Pesquisas recentes (2025-2026) indicam que o TEPT-C pode ser tão prevalente quanto o TEPT clássico na população geral, e ainda mais prevalente em populações clínicas e grupos ocupacionais de alto risco.
Nossa equipe de trauma também trabalha com pessoas que atravessaram situações traumáticas graves e que, embora não preencham critérios completos para TEPT ou outro diagnóstico formal, apresentam deterioração significativa na qualidade de vida em decorrência dessas experiências.
Exposição Prolongada (PE), de Edna Foa: protocolo de referência mundial para o TEPT, focado no reprocessamento emocional da lembrança traumática por meio de exposição imaginária repetida à lembrança e exposição in vivo a situações evitadas. É, junto com a Terapia de Processamento Cognitivo (CPT), um dos tratamentos com o nível de evidência mais alto reconhecido pelas diretrizes clínicas (APA, 2025).
DBT-PTSD, de Martin Bohus: protocolo modular que combina o arcabouço da DBT (regulação emocional, tolerância ao mal-estar) com técnicas de exposição específicas para o TEPT relacionado a abuso infantil, especialmente indicado quando há comorbidade grave com TPB, dissociação ou autolesões.
DBT-PE, de Melanie Harned: protocolo que integra o módulo de Exposição Prolongada de Foa dentro do arcabouço padrão da DBT, uma vez que o paciente tenha alcançado estabilidade comportamental suficiente (controle sobre comportamentos de risco à vida e que interferem no tratamento).
EMDR (Dessensibilização e Reprocessamento por Movimentos Oculares), de Francine Shapiro: terapia que combina o processamento narrativo da lembrança traumática com estimulação bilateral (geralmente movimentos oculares), sob o arcabouço teórico do Processamento Adaptativo da Informação.
Exposição Prolongada (PE) e Terapia de Processamento Cognitivo (CPT): as diretrizes da APA (atualizadas em 2025) identificam a PE, a CPT e a TCC focada no trauma como as três intervenções com o nível de evidência mais alto para adultos com TEPT, com base na revisão de 15 revisões sistemáticas. São priorizadas em relação ao tratamento farmacológico.
DBT-PTSD (Bohus): um ensaio clínico randomizado (Bohus et al., Psychotherapy andPsychosomatics, 2013) em mulheres com TEPT por abuso sexual infantil, com e sem TPB comórbido, mostrou tamanhos de efeito de moderados a grandes em sintomas pós-traumáticos e na maioria dos desfechos secundários.
Comparações posteriores (2024-2025) relatam taxas de remissão próximas de 58%, superiores às observadas com DBT-PE em alguns estudos comparativos, embora os desenhos e as amostras difiram entre si.
DBT-PE (Harned): um primeiro ensaio aberto (Harned et al., 2012) e um ensaio controlado randomizado piloto (Harned et al., 2014) em mulheres com TPB, TEPT e autolesões mostraram que adicionar o protocolo PE à DBT produz melhorias mais amplas e estáveis no TEPT do que a DBT isolada, dobrando a taxa de remissão entre os que completam o tratamento (80% vs. 40%), além de reduzir o risco de tentativas de suicídio e autolesões.
Um estudo de efetividade em contextos comunitários (Harned et al., 2021) confirmou que o protocolo é viável, aceitável e seguro também fora de contextos de pesquisa controlada, embora com magnitude de mudança um pouco menor que nos ensaios originais.
EMDR (Shapiro): a revisão Cochrane de 2023 sobre intervenções psicossociais para sobreviventes de agressão sexual reconhece o EMDR como tratamento de primeira linha para o TEPT, junto com a CPT e a PE.
Duas revisões sistemáticas com meta-análise de 2025(British Journal of Psychology;Journal of Affective Disorders,2026) confirmam que o EMDR é significativamente superior à lista de espera/cuidado habitual e não mostra diferenças significativas frente à TCC focada no trauma, sendo ainda uma intervenção custo-efetiva.
A evidência sobre o mecanismo específico dos movimentos oculares continua debatida, embora a eficácia clínica global do protocolo esteja bem estabelecida.
Em conjunto, a evidência atual respalda uma abordagem flexível e centrada na pessoa: PE e CPT como tratamentos focados no trauma de primeira linha; DBT-PTSD e DBT-PE como opções de primeira linha quando há comorbidade grave com desregulação emocional, dissociação ou risco de autolesão/suicídio; e EMDR como alternativa igualmente eficaz e bem tolerada, especialmente quando a verbalização extensa do trauma é particularmente difícil para a pessoa.
Nossa equipe busca ajudar a melhorar a qualidade de vida de pessoas que atravessaram situações traumáticas graves, incluindo aquelas que não preenchem critérios completos para um diagnóstico formal, mas cujo funcionamento cotidiano, vínculos e bem-estar emocional foram afetados de maneira significativa por essas experiências.
Dialectical Behavior Therapy (DBT)
Dialectical Behavior Therapy (DBT) is a structured psychological treatment developed by Dr. Marsha M. Linehan in the late 1980s for the treatment of chronically suicidal individuals and people with Borderline Personality Disorder (BPD).
It is grounded in cognitive-behavioral principles combined with acceptance, validation, and mindfulness practices. The term "dialectical" refers to the ongoing synthesis between acceptance and change: the person is validated as they are, while being actively helped to change patterns that cause suffering.
Standard DBT is organized into four components: individual
- therapy,
- group skills training, between-session
- phone coaching, and
- a therapist consultation team. The
skills taught are divided into four modules: mindfulness, distress tolerance, emotion regulation, and interpersonal effectiveness.
DBT was originally designed for adults with BPD and recurrent parasuicidal or self-injurious behavior, but accumulated evidence has broadened its application to numerous populations, including:
- Borderline Personality Disorder (BPD), withor without suicidal or self-injurious behavior.
- Adolescents with emotional dysregulation, self-harm, or suicidal ideation (DBT-A).
- Substance use disorders.
- Eating disorders (bulimia nervosa, binge-eating disorder).
- Mood disorders, including treatment-resistant depression and bipolar disorder.
- Post-traumatic stress disorder comorbid with severe emotional dysregulation (DBT-PTSD, DBT-PE).
- Severe anxiety associated with emotional dysregulation.
Source: 2025 reviews and meta-analyses (Journal of Advanced Psychology, 7(3), 2025; International Journal of Bipolar Disorders review) confirm DBT's efficacy for BPD, suicidality, eating disorders, depression, anxiety, and substance use, across adolescents and adults.
BPD is a persistent pattern of instability in interpersonal relationships, self-image, and emotions, along with marked impulsivity. According to
the DSM-5, its core features include:
- frantic efforts to avoid real or imagined abandonment,
- unstable and intense
- relationships, identity disturbance, impulsivity
- in at least two potentially damaging areas (spending, sexuality, substance use, reckless driving, binge
- eating), recurrent suicidal behavior or threats
- or
- self-mutilation, affective instability, chronic
- feelings of emptiness, difficulty
- controlling anger, and stress-related paranoid ideation or dissociation.
Impulsive behaviors — self-harm, suicide attempts, binge eating, problematic substance use, uncontrolled spending — often function as (long-term ineffective) attempts to regulate an intense, unbearable emotion.
DBT directly addresses this function by teaching alternative emotion-regulation and distress-tolerance skills.
RO DBT (Radically Open DBT) is an adaptation of DBT developed by Dr. Thomas R. Lynch, targeting excessive overcontrol rather than emotionaldysregulation.
While classic DBT primarily addresses the intrapersonal (emotion regulation, radical acceptance), RO DBT focuses on the interpersonal: social signaling, connection with others, and radical openness.
It was first formulated for the treatment of anorexia nervosa in adults and has since extended to chronic depression, obsessive-compulsive personality disorder (OCPD), autism spectrum disorder, and other conditions associated with overcontrol.
2024-2025 evidence: a systematic review (Hatoum & Burton, Journal ofClinical Psychology, 2024) found emerging and consistent evidence of RO DBT's efficacy in adolescents and adults with anorexia nervosa, autism, and treatment-resistant depression.
The ABCT fact sheet (updated 2025-2026) documents that RO DBT decreases symptom severity in chronic depression with and without comorbid personality disorders (including OCPD; Fennig et al., 2025), in adolescents and adults with anorexia nervosa, in adults with autism spectrum disorder, and in adolescents with elevated overcontrol receiving online RO DBT (Fennig et al., 2024).
A 2025 study (Journalof Eating Disorders,13:260) found that social connectedness mediates the relationship between inflexibility, emotional suppression, and eating disorder/depression symptoms in adolescents treated with RO DBT.
Evidence remains emerging (mostly pilot studies, case series, and uncontrolled trials), so RO DBT is considered a promising and expanding treatment rather than a first-line standard as consolidated as classic DBT.
Overcontrol is a transdiagnostic personality pattern characterized by excessive inhibition of emotional expression and rigid behavioral control which, while adaptive in some contexts, creates significant relational difficulties.
Overcontrolled individuals often function very well in structured, solitary tasks but face serious obstacles to spontaneous social connection.
Items / traits that define overcontrol according to the literature (Lynch et al.):
- Maladaptive perfectionism and severe self-criticism.
- Cognitive and behavioral rigidity; strong need for structure, order, and symmetry.
- Insistence on sameness (difficulty tolerating change or uncertainty).
- Excessive control of spontaneous emotional expression (a "social mask").
- Disproportionate fear of making mistakes or being judged.
- Aloof or "isolated" interpersonal functioning, with difficulty feeling close to others.
- Low openness to feedback and new experiences.
- Chronic sense of emotional loneliness, even when surrounded by others.
These traits are clinically associated with anorexia nervosa, chronic/treatment-resistant depression, OCPD, long-standing anxiety disorders, and autism spectrum presentations with marked behavioral rigidity.
Eating Disorders
Eating disorders are a group of psychiatric conditions characterized by serious and persistent disturbances in eating behavior and in the relationship with the body, weight, and body image, with significant medical and psychological consequences. The main presentations are:
- Anorexia nervosa (AN): persistent food restriction, intense fear of gaining weight, and disturbance in body-image perception.
- Bulimia nervosa (BN): recurrent episodes of binge eating followed by compensatory behaviors (self-induced vomiting, laxatives, excessive exercise, fasting).
- Binge-eating disorder (BED): recurrent binge-eating episodes without regular compensatory behaviors.
- Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder (ARFID): food avoidance or restriction not driven by weight or shape concerns.
- Other specified feeding and eating disorders (OSFED).
We have a team of professionals trained and certified in the leading scientifically supported models for treating eating disorders:
- Family-Based Treatment (FBT / Maudsley): first-line treatment for adolescents with anorexia and bulimia nervosa, in which parents take an active role in renourishment and in regaining control over eating.
- MANTRA (Maudsley Model of Anorexia Nervosa Treatment for Adults): a model specific to adults with anorexia nervosa, focused on the factors that maintain the disorder (cognitive rigidity, emotional avoidance, interpersonal relationships).
- CBT-E (Enhanced Cognitive Behavioral Therapy): a transdiagnostic treatment focused on the mechanisms that perpetuate the eating disorder (overvaluation of weight and shape, restriction, binge eating).
- DBT for eating disorders (DBT-ED): an adaptation of DBT focused on emotional dysregulation as the driver of bingeing, purging, or restriction.
- RO-DBT (Radically Open DBT): indicated especially for anorexia nervosa with marked overcontrol, rigidity, and social isolation.
Family-Based Treatment (FBT): it is the treatment with the largest accumulated evidence base for adolescents with eating disorders and is recommended as first-line by major international clinical guidelines. A 2019 Cochrane review evaluated it positively, though noting methodological limitations in some studies; a 2022 network meta-analysis (Monteleone et al.) showed promising results for family therapy in young adults with anorexia.
MANTRA: the most recent data (Fernández García and Quiles Marcos meta-analysis, 2024, cited in Bruns et al., International Journal of Eating Disorders,2025) indicate that MANTRA is not superior to other active psychological interventions, although it remains a validated and widely recommended treatment for adults with anorexia nervosa.
CBT-E: it is the model with the largest body of systematic evidence available in adults with eating disorders (map of systematic reviews, PMC, 2023) and has also shown good results in adolescents, including when FBT did not achievefull recovery (CognitiveBehaviour Therapist, Cambridge, 2025; a 2020-2022 non-randomized study with 12-month follow-up).
A 2025 meta-analysis (Bruns et al., International Journal of Eating Disorders)confirmed its efficacy, finding no superiority over other active treatments, positioning it as a solid alternative when FBT is not feasible or has not been effective.
DBT-ED: a systematic review of CBT and DBT for adolescent eating disorders concluded that DBT-informed interventions show high feasibility, acceptability, and effectiveness, with significant reductions in bingeing and purging, and attrition rates comparable to FBT trials(Journal of EatingDisorders, Springer).
RO-DBT: the most recent evidence (2020-2025) shows reductions in maladaptive overcontrol in adolescents and adults with anorexia nervosa treated with RO-DBT, including single-case studies (Isaksson et al., 2021), day-program case series (Baudinet et al., 2020), and a 2025study (Journal of EatingDisorders, 13:260) documenting the mediating role of social connectedness in improving eating and depressive symptoms.
We have an interdisciplinary team of professionals trained and certified in these models (FBT, MANTRA, CBT-E, DBT-ED, and RO-DBT), integrating individual psychotherapy, family work when appropriate, and coordinated follow-up with nutrition and, when necessary, psychiatry, to offer comprehensive treatment tailored to each developmental stage and level of severity.
General Clinical Team
Our General Clinical team works with Cognitive Behavioral Therapy (CBT), combined with Acceptance and Commitment Therapy (ACT) and Functional Analytic Psychotherapy (FAP), to treat:
- Social phobia (social anxiety disorder).
- Specific phobias.
- Generalized anxiety disorder (GAD).
- Depression.
- Significant life changes and transitions.
- Obsessive-compulsive disorder (OCD).
- Other emotional and behavioral conditions commonly seen in outpatient clinical practice.
CBT is a psychotherapy model based on the premise that our thoughts, emotions, and behaviors are interconnected, and that changing dysfunctional thought patterns and avoidance behaviors produces lasting change in emotional distress.
It combines cognitive restructuring techniques with behavioral strategies, with exposure (gradual or intensive) being the component with the strongest evidence for anxiety disorders.
To date, it is the psychotherapeutic model with the largest number of randomized controlled trials and meta-analyses worldwide, and it is the first-line treatment recommended by most international clinical guidelines for anxiety disorders and depression.
ACT is a "third-wave" therapy developed by Steven C. Hayes that uses mindfulness, acceptance of internal experiences (thoughts, emotions, sensations), and commitment to personal values to promote psychologicalflexibility.
Unlike traditional CBT, ACT does not aim to eliminate or directly change the content of thoughts, but rather to change the person's relationship with them.
FAP is a model developed by Robert Kohlenberg and Mavis Tsai that uses the therapeutic relationship itself as the primary vehicle for
change: the patient's problematic relational patterns (avoidance, mistrust, difficulty with intimacy) tend to also show up within the session, and the therapist responds to them in real time, reinforcing more adaptive and connected behaviors. It is
often combined with ACT (the FACT protocol) to strengthen both psychological flexibility and interpersonal change.
CBT: multiple meta-analyses confirm that CBT — particularly its exposure components — is highly effective for anxiety disorders, consistently outperforming waitlist and placebo conditions, and outperforming other psychosocial modalities for several specific conditions (review of meta-analytic findings, PubMed).
Recent studies (2025) confirm its efficacy also in older adults, with diagnostic remission rates near 54%, and in digital formats, with large effect sizes (g = 0.78) equivalent to in-person delivery.
ACT: according to the Association for Contextual Behavioral Science, as of January 2025 there were more than 1,300 randomized controlled trials and more than 550 systematic reviews/meta-analyses of ACT worldwide.
A 2025 systematic review (Journalof Psychiatry Spectrum)on ACT for social anxiety disorder found favorable results compared to waitlist controls and comparable to CBT.
Another 2025 systematic review (PMC) confirmed improvements in social and interpersonal functioning in psychiatric patients, including anxiety, depression, and PTSD presentations.
FAP / FACT: the evidence base is earlier-stage than that of CBT or ACT alone, with studies mostly of pilot design.
A waitlist-controlled study (2019) of the FACT protocol in public-sector employees showed statistically significant improvements in distress, burnout, psychological flexibility, and anxiety compared to the control group, providing promising initial evidence for its brief use in anxiety and stress related to interpersonal functioning.
Taken together, CBT has the most solid and well-established evidence base; ACT has a broad and rapidly growing evidence base; FAP is primarily used in combination with ACT or CBT to strengthen work on interpersonal patterns, with evidence that remains emerging but consistent with its theoretical foundation.
Psychiatry Team
The Psychiatry team is made up of medical specialists responsible for diagnostic evaluation, the design of pharmacological treatment strategies when indicated, and the clinical follow-up of people going through a mental health condition.
Its core role is to complement the psychotherapeutic work with a medical perspective: assessing the need for medication, adjusting dosages, monitoring side effects and interactions, and identifying biological or medical factors that may be contributing to the condition.
Unlike a purely pharmacological approach, in our model psychiatry does not operate in isolation, but as one more component of a comprehensive, person-centered treatment.
Our Psychiatry team works in ongoing consultation and coordination with the DBT and RO-DBT team, the Trauma and Post-Traumatic Stress team, the Eating Disorders team, and the General Clinical team.
This means the psychiatrist does not simply evaluate and prescribe, but actively participates in the therapeutic process alongside the treating therapist, sharing relevant clinical information (with the patient's consent), adjusting the treatment plan based on psychotherapeutic progress, and holding regular team meetings to review the most complex cases.
This team-based model of care — known in the literature as "collaborative care" —is one of the most empirically supported approaches within integrated mental health care: it is backed by more than 90 randomized controlled trials and numerous meta-analyses showing better clinical outcomes, higher patient and provider satisfaction, and greater treatment adherence compared to fragmented or purely pharmacological care.
- With the DBT/RO-DBT team: supports the treatment of people with severe emotional dysregulation, BPD, or overcontrol, assessing the need for pharmacological stabilization when the clinical picture requires it.
- With the Trauma team: collaborates in managing dissociative, hyperarousal, or mood symptoms associated with PTSD and complex PTSD, without replacing the trauma-processing work carried out by the specific psychotherapeutic treatments.
- With the Eating Disorders team: takes part in medical and nutritional follow-up, assessing associated physical risks and the potential need for complementary pharmacological intervention.
- With the General Clinical team: supports the treatment of anxiety disorders, OCD, and depression when psychotherapy (CBT, ACT, FAP) needs to be complemented with medication.
Mood disorders are a group of conditions characterized by persistent alterations in mood that exceed expectable emotional fluctuations, causing significant distress and affecting daily functioning. They mainly include:
- Major depressive disorder and other forms of depression (dysthymia, chronic depression, treatment-resistant depression).
- Bipolar disorder type I and type II, characterized by episodes of mania or hypomania alternating with depressive episodes.
- Mood disorders associated with other medical conditions or substance-induced.
The Psychiatry team specializes in the assessment and treatment of these conditions, integrating the rational use of psychotropic medication (antidepressants, mood stabilizers, antipsychotics when appropriate) with the corresponding psychotherapeutic work.
Beyond mood disorders, the Psychiatry team assesses and treats, in coordination with the corresponding therapeutic teams, other conditions such as severe anxiety disorders, obsessive-compulsive disorder, sleep disorders, dissociative presentations, psychotic symptoms, ADHD in adults and adolescents, and any other psychiatric condition requiring specialized medical evaluation as part of comprehensive treatment.
The evidence for combined treatment varies by condition.
In depression, different meta-analyses show that combining psychotherapy with antidepressants provides additional benefits especially in chronic depression and for relapse prevention, although in the acute episode the effects on functioning and quality of life of psychotherapy and pharmacotherapy alone tend to be of similar magnitude (meta-analysis of 153 trials, 2017; review of enduring effects of psychotherapy, antidepressants, and their combination, 2024).
A 2021 meta-analysis (JAMAPsychiatry) onthe sequential combination of medication and psychotherapy showed benefits in preventing relapse and recurrence in major depressive disorder.
In bipolar disorder, the evidence is particularly strong in favor of combined treatment: psychotherapy (usually psychoeducation, family therapy, or CBT) added to mood stabilizers reduces relapses, improves adherence to pharmacological treatment, and improves social functioning, and is considered an essential — not optional — complement to pharmacologicaltreatment (Focus/APA Publishing;reviews on adjuvant psychotherapy in bipolar disorder, 2021 onward).
Taken together, the literature supports a model of individualized clinical decision-making: combining pharmacotherapy and psychotherapy is not always superior across every condition or every stage of treatment, but it is consistently superior in bipolar disorder, chronic depression, and relapse prevention — precisely the scenarios where close coordination between psychiatry and the therapeutic teams adds the most value.
The goal is to sustain, together with the rest of the teams, a truly comprehensive treatment: ensuring that the medical and pharmacological dimension is always coordinated with the psychotherapeutic process, avoiding both fragmented care and unnecessary medicalization, and prioritizing in each case the strategy with the strongest scientific support and the best fit for each person's particular situation.
Post-Traumatic Stress
Post-Traumatic Stress Disorder (PTSD) is a condition that can develop after exposure to an actual or threatened traumatic event involving death, serious injury, or sexual violence — whether experienced directly, witnessed, learned about happening to a close family member or friend, or through repeated exposure to aversive details (for example, in first responders).
According to the DSM-5, it is characterized by re-experiencing symptoms (intrusive memories, nightmares, flashbacks), avoidance of trauma-related stimuli, negative alterations in cognition and mood, and marked hyperarousal (excessive alertness, being easily startled, irritability).
Complex PTSD (C-PTSD): the most comprehensive and up-to-date definition comes from the ICD-11 (WHO), which recognizes this condition as its own diagnosis, distinct from classic PTSD.
C-PTSD is associated with prolonged or repeated exposure to traumatic situations, typically interpersonal in nature (e.g., sustained childhood abuse, domestic violence), from which the person could not escape.
In addition to the three classic PTSD clusters, it includes disturbances in self-organization across three domains: difficulties identifying and regulating emotions, negative self-concept and low self-worth, and difficulties establishing and maintaining relationships.
Recent research (2025-2026) suggests C-PTSD may be roughly as prevalent as classic PTSD in the general population, and even more prevalent in clinical populations and high-risk occupational groups.
Our trauma team also works with people who have gone through severe traumatic experiences and who, while not meeting full criteria for PTSD or another formal diagnosis, show significant impairment in quality of life as a result of those experiences.
Prolonged Exposure (PE), by Edna Foa: the world-reference protocol for PTSD, focused on emotional reprocessing of the traumatic memory through repeated imaginal exposure to the memory and in-vivo exposure to avoided situations. Along with Cognitive Processing Therapy (CPT), it is one of the treatments with the highest level of evidence recognized by clinical guidelines (APA, 2025).
DBT-PTSD, by Martin Bohus: a modular protocol combining the DBT framework (emotion regulation, distress tolerance) with exposure techniques specific to PTSD related to childhood abuse, especially indicated when there is severe comorbidity with BPD, dissociation, or self-harm.
DBT-PE, by Melanie Harned: a protocol that integrates Foa's Prolonged Exposure module within the standard DBT framework, once the patient has achieved sufficient behavioral stability (control over life-threatening and therapy-interfering behaviors).
EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), by Francine Shapiro: a therapy that combines narrative processing of the traumatic memory with bilateral stimulation (usually eye movements), under the theoretical framework of Adaptive Information Processing.
Prolonged Exposure (PE) and Cognitive Processing Therapy (CPT): APA guidelines (updated in 2025) identify PE, CPT, and trauma-focused CBT as the three interventions with the highest level of evidence for adults with PTSD, based on a review of 15 systematic reviews. They are prioritized over pharmacological treatment.
DBT-PTSD (Bohus): a randomized controlled trial (Bohus et al., Psychotherapyand Psychosomatics, 2013) in women with PTSD from childhood sexual abuse, with and without comorbid BPD, showed medium-to-large effect sizes on post-traumatic symptoms and most secondary outcomes.
Later comparisons (2024-2025) report remission rates near 58%, higher than those observed with DBT-PE in some comparative studies, though designs and samples differ between them.
DBT-PE (Harned): an initial open trial (Harned et al., 2012) and a pilot randomized controlled trial (Harned et al., 2014) in women with BPD, PTSD, and self-harm showed that adding the PE protocol to DBT produces larger and more stable improvements in PTSD than DBT alone, doubling the remission rate among treatment completers (80% vs. 40%), while also reducing the risk of suicide attempts and self-harm.
An effectiveness study in community settings (Harned et al., 2021) confirmed the protocol is feasible, acceptable, and safe outside of controlled research settings as well, though with a somewhat smaller magnitude of change than in the original trials.
EMDR (Shapiro): the 2023 Cochrane review of psychosocial interventions for survivors of sexual assault recognizes EMDR as a first-line treatment for PTSD, alongside CPT and PE.
Two 2025 systematic reviews with meta-analysis(British Journal of Psychology; Journal of Affective Disorders,2026) confirm that EMDR is significantly superior to waitlist/usual care and shows no significant difference compared to trauma-focused CBT, while also being a cost-effective intervention.
Evidence on the specific mechanism of eye movements remains debated, though the overall clinical efficacy of the protocol is well established.
Taken together, current evidence supports a flexible, person-centered approach: PE and CPT as first-line trauma-focused treatments; DBT-PTSD and DBT-PE as first-line options when there is severe comorbidity with emotional dysregulation, dissociation, or risk of self-harm/suicide; and EMDR as an equally effective and well-tolerated alternative, particularly when extensive verbalization of the trauma is especially difficult for the person.
Our team aims to help improve the quality of life of people who have gone through severe traumatic experiences, including those who do not meet full criteria for a formal diagnosis but whose day-to-day functioning, relationships, and emotional wellbeing have been significantly affected by those experiences.